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Autoanálisis de un "zibor"

Autoanálisis de un "zibor"

El procesador emocional es una parte funcional de nuestro sistema operativo muy importante.

La gran mayoria de la información recibida desde el exterior es registrada masivamente en una gran base de datos ubicada en lo que llamamos subconsciente. Esta información es analizada constantemente por el procesador emocional realizando una gran cantidad de cruce de datos, entre datos genéticos, consolidados y no consolidados mediante técnicas de aprendizaje u otros tipos de técnicas basadas en prueba y error. La estructura de la información almacenada puede llegar a ser tremendamente compleja y es en gran medida susceptible de ser eliminada a corto plazo si no se consolida.

Sin entrar en detalles de la estructura o modelo de datos; cada cierto tiempo las diversas consultas que ejecuta nuestro procesador emocional producen algún resultado más o menos intenso. La intensidad de ese resultado es una emoción, ya sea de un tipo o de otro. La intesidad y el tipo de las emociones son nuestros sentimientos primarios, que condicionan nuestros procesamientos posteriores, así como nuestros actos y decisiones. Muchas veces a esto lo llamamos corazonadas o intuiciones pero realmente nos llevan mucho más allá.

Nuestra manera de pensar y actuar es diferente en situaciones emocionales diferentes, tan simple como que una situación de temor se activan unos determinados Procesadores de Ciclo Unico para dar una respuesta más eficiente mientras que ante una situación de impotencia se activan otros procesadores de ciclo único totalmente diferentes para dar respuestas y actuar diferente.

Mientras no intervenga otra emoción más fuerte dichos PCUs no dejan de estar activados y es por ello que después de haber pasado una situación emocional, detectada por ejemplo como de temor, seguimos pensando y actuando como si la situación continuase. Si el número de veces que se da una situación emocional intensa por unas circunstancias similares es muy elevado, uno o varios PCUs pueden quedarse activados durante mucho tiempo y causarnos lo que llamamos traumas emocionales.

Las vivencias diarias, las emociones de diferentes tipos nos salvan de hacernos excesivamente rígidos en nuestro carácter, de condicionarnos en nuestra maleabilidad de pensar. Si no vivimos diversas emociones al cabo del día nos volvemos más pragmáticos, menos transigentes, dificultando así el aprendizaje, la innovación, la creatividad y la imaginación; convirtiéndonos en simples robots, sin alma.

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