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Versión 2.0.1.2

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La vida animal, que se sepa a ciencia cierta, se ha extinguido en la tierra cinco veces. Fueron grandes cataclismos de dimensiones inimaginables. En otras muchas más ocasiones, al menos cada 13.000 años, la tierra ha sufrido grandes cambios repentinos. El comienzo y el fin de la era glaciar marcaron los dos últimos importantes cambios globales, curiosamente hace 26.000 y 13.000 años respectivamente.

El centro de todas las galaxias tienen un agujero negro, en torno al cual giran los sistemas solares, como el nuestro. La estrecha franja que une una estrella con el centro de la galaxia tiene una gran importancia ya que las radiaciones electromagnéticas ( la luz y el calor ) de la estrella ( el sol ) es absorvida en parte por el agujero negro que domina la galaxia. En la cara opuesta de una estrella en la linea que lo une al centro de la galaxia existe una zona obscura; el sol calienta menos en esa franja. La cara del sol que mira al agujero negro, sufre un efecto contrario, haciendo que la luz y el calor en esa línea aumente considerablemente. Este efecto observado en los espectroscopios del Hubble se denomina superonda galactica.

Dentro de no mucho, en 2.012, la tierra entrará esa pequeña zona obscura durante al menos seis meses. Sabemos poco de lo que podrá pasar, pero hay quien dice que es probable que el hemisferio norte entrará en la era glaciar de un modo bastante repentino. Al contrarío de lo que ocurrió hace 13.000 años cuando el Sahara era un gran amazonas y en apenas unos meses se desertizó, al fin de la última era glaciar.

El hecho de que a lo largo de nuestra historia más reciente, la era de las civilizaciones, se haya registrado esta fecha y especulado sobre ella no es nada extraño. Observando el movimiento de las estrellas, el cambio de perspectiva de la tierra a lo largo de los años debido al cambio en la inclinación de su eje, se acaba deduciendo fácilmente que el sol y la tierra estarán perfectamente alineados con la vía láctea y más concretamente con la grieta obscura de la vía láctea, el centro de nuestra galaxia, la noche del 24 de diciembre del año 2.012.

Prácticamente en todas las culturas y religiones se ha marcado esta fecha con especial advertencia. Lo místico, el carácter religioso que se la ha dado a este fenómeno, ha hecho que pierda interés científico en los últimos siglos pero por una vez, las profecías, el fin de los tiempos Maya y Egipcios, el apocalipsis de la biblia e incluso de Nostradamus, podrían confluir en un fundamento astrofísico y no paranormal.

Las consecuencias económicas y biológicas de un invierno glaciar como el que podría acaecer en 2.012, con temperaturas muy por debajo de los cero grados durante varios meses, se escapan a mi imaginación. La mayor parte de los animales salvajes y plantas desaparecerán (aunque no tienen porqué extinguirse por completo) así como la fauna marina, las aves y los insectos. Mirando a atrás en el tiempo, en los sedimentos fósiles más recientes, probablemente tengan que pasar al menos 300 años hasta que los ecosistemas vuelvan a estabilizarse mínimante.

El nivel tecnológico en el que vivimos nos puede salvar de la extinción en una situacion así. No obstante dependeríamos más de nuestro nivel de humanización que de la tecnología. Zonas desérticas en torno al ecuador, como oriente medio, gozarían de un clima privilegiado. Si la inestabilidad política de esa zona ahora ya es un problema mundial la situación empeorará enormemente cuando sea el único sitio dónde se pueda tomar el sol al aire libre, sin mencionar que los recursos hídricos y combustibles, la tierra fértil, la pesca, la ganadería, la industria, y en definitiva prácticamente todo lo que necesitamos, se concentraría allí.

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