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Eternamente 26

Eternamente 26

No hacía mucho acabábamos de celebrar nuestro décimo aniversario de casados. Eramos una pareja feliz, muy unidos y muy felices con nuestros hijos, una niña y un niño estupendos.

Una mañana de agosto sonó el móvil inesperadamente.

- Hola Jan, ¿ que tal de vacaciones ? -

- ¡ Hombre ... Isma ! muy bien colega, estábamos a punto de ir a la playa con los niños ahora mismo. ¿ Y tu qué te cuentas ? ¿ Sigues en el Biona trabajando las células esas de madre ? - Continué sarcásticamente.

- Sí, claro, aun queda mucho trabajo por delante, pero ya tenemos algo, algo gordo. - Dijo, suavizando levemente el tono de voz .- ¿Te gustaría pasarte por aquí esta tarde a última hora? Creo que deberías ver algo antes de que lo clasifiquen; te va a interesar. -

- Ummm ... tal y como me lo pones ... no se si voy a poder esperar tanto - Dije bromeando.

- ¿Quién era, Ismael? - Preguntó mi querida esposa Elsa.

- Si ... "el gran" el inigualable y entrañable Ismael. Quiere que vaya al laboratorio esta tarde para enseñarme algo. Lo ha puesto muy intrigante así que no me he podido negar.-

- Conociéndole ... puede ser cualquier cosa, pero seguro que es algo interesante. Dale recuerdos de mi parte, y dile que venga un día a cenar que ya hace un par de meses que no sale de su ratonera.-

A las seis y media estaba en los laboratorios de Biona. Isma, enseguida salió a mi encuentro y me condujo tres plantas más abajo, donde tras pasar 5 puertas de seguridad, entramos en un cámara totalmente acristalada, vacía.

- ¿Que hacemos metidos en esta jaula de cristal? -

- Paciencia ... ahora lo vas a ver. - Me comunicó sonriente mostrándome una especie de mando a distancia que llevaba en su mano. Pulsó un botón y se apagaron las luces, todas excepto unas lamparas de baja potencia en la sala exterior a la jaula acristalada.

- Observa - Susurró. - Ya se que a ti y a Elsa os encantan las mariposas, si te fijas en el techo observarás unas cuantas. Llevan 2 meses ahí, sin cambios.-

- ¿Como es posible? Como mucho viven dos semanas. -

- Se están alimentando de un Bellis Perennis modificada genéticamente por mí mismo, libando su nectar han detenido su envejecimiento; más aún, diría que algunas tienen más vitalidad que al principio del experimento. -

- ¿Qué has modificado en esas margaritas? -

- Nada excesivamente complejo, en lugar de proveer en su néctar un azúcar normal, es un azúcar capaz de oxidarse. -

- Creo que me hago una idea de lo que hablas. -

- Este azúcar, esencial en toda organismo vivo, al oxidarse con facilidad obliga al metabolismo de las mariposas a producir en exceso un antioxidante endógeno GSH que hace que sus células se regeneren por completo, diariamente.-

- ¿Así de simple? ¿ya esta? - Nos miramos fijamente, sonrientes sin decir nada. Tras unos segundos de silencio se guardó el mando en un bolsillo y de otro sacó una bolsita transparente con unas semillas blancas minúsculas.

- Plántalas en tu jardín, y cuando tengan un tamaño considerable las cortas y las metes en el conjelador. Pasados un par de meses, las sacas y directamente, sin descongelar las horneas a 200 grados. Cuando estén bien secas las trituras y lo usas como condimento en todas las comidas. - Las cogí dudoso, mirando a Isma a los ojos fijamente. Me sonrió y continuó diciendo. - No te preocupes no tiene ningún efecto negativo, probablemente en unos días este experimento se clasificará y se cerrará hasta que la industria farmacéutica decida que es momento de comercializarlo. Hasta entonces no se sabrá de esto nunca más y ni tu ni yo tendremos acceso a este laboratorio. -
 
 
 
Llevaba un año utilizando las margaritas de Isma, se habían reproducido con bastante abundancia y medio jardin estaba plagado de florecillas blancas casi todo el año.

Comenzaban a notarse cambios bastante evidentes en mi aspecto que ya no pasaban desapercibidos para nadie. Unos meses mar tarde Elsa se unió al experimento. Todos estábamos esplendidos, aparentábamos 26 años.

La capacidad regenerativa de nuestro organismo era tal que al día siguiente de una noche de juerga no sufríamos ni siquiera resaca, incluso después de cuatro garrafones. La vitalidad con la que se disfruta todo con 10 años menos es muy diferente.

Comencé a plantearme cosas que antes ni siquiera se me habrían pasado por la cabeza. Iba a vivir eternamente con 26 años; tenía todo el tiempo del mundo por delante para hacer lo que quisiera con mi vida. Para volver a empezar mil veces. Nada tenía que seguir el ciclo de lo perecedero.

La primera vez que empezamos a notar que nuestras vidas podrían tomar rumbos muy diferente fue un día que salimos de fiesta con Isma y su nueva joven novia.  Con alguna copichuela de más, aprovechando que la chavala no sabía nada del tema y que estaba convencida de que eramos todos de su quinta, saqué el tema.

- ¿ Os imagináis ? - Pregunté - Vivir siempre con 26 años. No envejecer, ser siempre como somos ahora mismo.- La chica de Isma se carcajeó diciendo:

- Estaría guay, cambiaría de novio cuando se haga viejo .-

- ¿Y si él tampoco envejeciera? .- Añadí

- Pues entonces ... - frunció los ojos pensativa y continuó mofándose - ¡ va ! cambiaría igualmente.- Todos nos reímos pero en el fondo pensábamos igual. En cierto modo me seducía la idea pero estaba locamente enamorado de Elsa y pensaba que los niños se merecían una familia unida.

- ¿Entonces renunciarías a tener hijos? .- Pregunté a la joven continuándo la conversación.

- ¡No! - Exclamó espantada .- Podría tener hijos con diferentes hombres -

- Si, pero es más complicado cuidar de ellos sin sus respectivos padres, ¿no crees? .- Se hizo un vacío, incluso Isma se quedó pensando silenciosamente un buen rato. Luego continué diciendo: - Si se elige cambiar de pareja habitualmente hay que renunciar a tener hijos. -

- No creo que tenga que ser así necesariamente.- Siguió Elsa .- Se me ocurren muchas fórmulas, una de ellas es la nórdica. En Islandia es bastante habitual cambiar de pareja, los hijos no son un ancla en una relación sentimental. Para empezar, por su cultura no son tan posesivos ni celosos, son muy habituales las relaciones liberales.-

- ¿Cómo de liberales? .- Preguntó la jovencita.

- Según tengo entendido, una pareja puede tener hijos y mantener una vida familiar normal y cada uno tener amantes consentidos, incluso vivir todos juntos. Por supuesto procuran ser discretos y sobre todo respetuosos los unos con los otros.- Todos queríamos saber más del asunto y animamos a Elsa a proseguir.

- Lo normal es que los "ex" sigan viviendo en la misma casa con los hijos junto con el nuevo o nueva. En este país acabaríamos a tortas o algo peor, pero ellos pueden convivir tres o incluso cuatro "parejas" tan felicies. - Hizo una pequeña pausa para concluir ante la mirada atónita de todos  - Me gusta la idea, es una manera sana de vivir las relaciones de pareja. -

- Menos romántica ¿ no crees ? .- Inquirí.

- Puede ser, pero tampoco es romántico vivir atado a alguien.-

- Cierto - Añadí - es mejor estar solo que vivir condenado. -

Coincidimos todos en que era más triste reprimir los deseos que dejar que sucedieran las cosas.
La noche continuó extraña, nos fijamos más de lo habitual en otra gente, incluso yo diría que tonteamos con desconocidos. A pesar de lo extraño, lo pasamos excepcionalmente bien.
Al día siguiente apenas sentíamos mal cuerpo. Nos sentíamos cargados de energía y vitalidad. Tal y como después argumentó Isma existía una explicación científica, por lo visto, no era casualidad que la combinación de alcohol y azucares proionicos tuvieran tales efectos.

Comenzarón a repetirse cada vez con más frecuencia estas fiestas nocturnas. Los efectos de una borrachera se desvanecían en escasos minutos y con apenas un par de horas de sueño estábamos como nuevos. Nos sentíamos auténticos vampiros; pletóricos e invulnerables.

Todos los planteamientos vitales cambiaban por el hecho de ser indefinidamente jóvenes. Plantemientos que por otra parte estaban establecidos así por egoísmo. Por la simple circunstancia de ser conscientes de que cada día que pasa en nuestras vidas tenemos menos posibilidades de dar con nuevas parejas, pactamos con alguien una fidelidad fatua. Lo creemos romántico, puro y natural pero cuando desaparece ese pequeño detalle, cuando dejamos de envejecer y sabemos que nuestra juventud y belleza no tiene fecha de caducidad ... entonces, quizá, el romanticismo deja de tener sentido.


Tuvimos que cambiar frecuentemente de domicilio y de trabajo. Pasaron los años, felizmente juntos y nuestros hijos se hicieron mayores. Obviamente se cuestionaban nuestra longenvidad pero siempre encontrábamos alguna manera divertida de evitar explicaciones. Creímos adecuado esperar a que se independizaran para contárselo.

Cuando llegó ese día, habíamos disfrutado casi durante 20 años la esencia de la juventud en toda su magnitud, aunque muchas veces negándonos nuevas experiencias tentadoras por mantenernos unidos. No nos arrepentíamos y aun seguíamos muy felices juntos, pero el hecho de que nuestros hijos comenzaran a vivir sus vidas, de que no dependiera nada de ellos, de que se unieran a la aventura ... planteaba muchas nuevas cuestiones.
Aquella primera noche de esta nueva etapa se acababa el verano. Al llegar a la entrada de nuestra casa inspiré profundamente, abriendo los brazos como queriendo abrazar la vida. Medité sobre cuantas veces viviría momentos como este y cuantos momentos diferentes y desconocidos viviría.

- ¿Te das cuenta que podemos seguir así cientos de años? - Le pregunté a Elsa.

- Si, la verdad es que da vértigo pensarlo. -

- Por un lado es maravilloso, y creo que eres la mujer mas estupenda que he conocido y probablemente que vaya a conocer pero tener tanta vida por delante privándome de nuevas experiencias ... se me hace extraño, cuando menos anodino. -

- Tienes razón, es absurdo. -

Permanecimos en silencio horas, bajo las estrellas meditando sobre ello. No queríamos separanos, eramos muy felices juntos pero también deseábamos experimentar nuevas emociones y sensaciones, que probablemente no fueran especiales ni fascinantes; simplemente diferentes. Habría muchas maneras de vivirlas juntos, sin duda, muchas más maneras que por separado, pero ya no había razón que nos impidiera vivirlas todas.

El primer rayo del amanecer nos dio de lleno en la cara mirando al infinito, abrazados en la entrada de la casa en la que habíamos vivido tan solo los últimos cinco años de nuestros eternos 26. Nos miramos, sonreímos ... recordamos el primer amanecer que vimos juntos, el mismo amanecer que decidimos unirnos para siempre. Y sentimos ajeno todo lo que nos rodeaba.

- ¿Y si dejamos de ser jóvenes eternamente? .- Preguntó Elsa.

- ¿Y renuciar a vivir cientos de años?.-

- Sí. -

- ¿Estas segura? .-

No lo dudó; eso me convenció.

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